sábado, 15 de octubre de 2011

¿Al servicio del Estado?

“El Estado está creado desde la violencia, por la violencia y se mantiene mediante violencia”. Esta cita del escritor español Manuel Vázquez Montalbán de su ensayo “Panfleto desde el planeta de los simios” puede resultar un tanto exagerada, sin embargo, evocaré un pensamiento dialéctico-hegeliano de la historia de España.

El Estado español nació con una guerra civil en el reino de Castilla, no con un matrimonio. Siglos más tarde, al cambio de dinastía, la España borbónica surgió de otra guerra. Pasado un siglo, el estado moderno se originó de una guerra entre el Antiguo Régimen y el Estado Moderno, eso sin contar la llamada década ominosa. El actual Estado español es heredero de cuarenta años de rancio “cuarentañismo”. Tras esta oscura etapa, una democracia de la que nos planteamos su funcionamiento.

La violencia estatal la ejercen los cuerpos de seguridad del Estado. Una cámara es el peor enemigo de un policía. Por ello invito a reflexionar cuál es el papel que deben desempeñar ante las protestas populares pacíficas.

Aquí, un par de vídeos uno del jueves y otro del viernes:





Las fuerzas de seguridad son necesarias, eso es innegable. Pero debemos plantearnos cuál debe ser su papel ante las protestas ciudadanas; de si el policía debe estar al servicio del Estado o del ciudadano.

domingo, 22 de mayo de 2011

Y la camisa de once varas estalló…

La España joven ha despertado, o al menos eso dicen. A menos eso dicen las viejas glorias que alegaban que el inmovilismo patrio era porque los jóvenes no se movilizaban. Que antaño, jóvenes y universitarios, eran la punta de lanza de todas las reformas sociales. La primera línea de conciencia frente a los grises y la social.

Y es que la sociedad civil ha explotado, ya no aguanta más la situación precaria a la que nos hemos visto expuestos. La camisa de once varas que nos impuso la clase política se ha desquebrajado, ha estallado y la metralla se esparce viralmente por toda la comunidad española y expresa ya su voz en el ágora mundial. Los jóvenes españoles no somos inmovilistas. Esta revolución nos pertenece, al igual que el futuro.

Lo realmente triste de la situación es la actuación electoralista de la degradada clase política, la abierta manipulación del TDT Party:



O la ilegalidad declarada por el Comité Electoral. ¿Dónde estaba en Comité cuando se inauguraban hospitales, suburbanos y aeropuertos? No es acaso esto la reflexión del pueblo español, porque no sólo ha sido el 21 de mayo el día de reflexión. España lleva reflexionando toda una semana. Esto es lo que realmente rompe los planes a los partidos, que arguyendo no sé que movimientos antisistema.


Yo no he podido ir a la #acampadasol ni asistí en la #spanishrevolution. Yo por desgracia estaba al otro lado del Canal de la Mancha, buscándome un trabajo, tratando de hacer lo que no pudo mi sistema educativo: aprender inglés. Mi situación no es la única, conmigo residen más de una decena de jóvenes españoles con una situación parecida a la mía. Desde aquí mandamos un mensaje de apoyo a todo el movimiento. Porque lejos no significa desentendido, mi más sentido apoyo. Por la lucha de mis derechos y los de todos: “GRACIAS Y ÁNIMO COMPAÑEROS”.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Juan Gris: Guitarra ante el mar (1925)


Obra del autor español Juan Gris, analítica de una obra cubista sintética. El cubismo sintético encuadra mejor con Gris, para empezar porque es contemporáneo a la pintura y, además, aparece el color. Tengo que hace hincapié en el periódico, con el cubismo sintético empieza a surgir el collage como forma compositiva junto con el trazo y la pintura. Si bien, la obra no tiene collage, la aparición del periódico supone un guiño a las formas que se experimentaban por la época. Sin embargo, lo que nos hecha para atrás dentro de esta obra es que, a diferencia del cubismo sintético, supone una maraña sin orden alguno. El cubismo sintético surge con el fin de poder poner representar la realidad en un cuadro plano mediante las dos dimensiones. No usando una falsa tercera dimensión (la perspectiva que tanto nos costó conseguir durante el Renacimiento y el Barroco), sino usando distintas vistas de la composición para darnos a entender que vemos un cuerpo: los cuerpos aparecen vistos simultáneamente desde distintos puntos de vista.
Sin embargo esta situación no se da en la composición de Juan Gris, a la guitarra la vemos en un sólo plano, el periódico, la correspondencia y la mesa también. Si estuviésemos ante una obra de cubismo sintético se nos mostraría la mesa, la pata de la mesa, la guitarra, el mástil, la caja de la guitarra e incluso el barco de vela del fondo con diferentes planos de las diversas partes de los cuerpos.
La composición es por tanto difícil de encuadrar en el contexto pictórico, podemos decir de ella que pertenece al cubismo, sin embargo, dista mucho de las obras de Georges Braque como “Violín y paleta” o del “Guernica” del malagueño Pablo Picasso, es más, se diferencia mucho y sí que supone un gran avance a obras anteriores del mismo Juan Gris como “Guitarra” de 1914. Aunque como vemos, la temática de Juan Gris es muy ecléctica y siempre surge la guitarra como el elemento central de las obras.

martes, 19 de abril de 2011

Esto ya no es la Revolución Francesa

Lampedusa ha abierto la herida del nacionalismo en Europa. El Tratado de Masstricht y su libre circulación dentro de las fronteras europeas ha sufrido un revés tras el bloqueo de la frontera a inmigrantes norteafricanos y Francia parece haber desechado su famoso droit du sol.

Durante la revolución francesa se estableció en la primera constitución que todo nacido en Francia sería francés (le droit du sol). Establecía, además, que todo aquel extranjero que se residiese en suelo francés durante un año o luchara por Francia, obtendría la nacionalidad.

La actualidad se perfila bien diferente, le droit du sol no es nada comparado con los recovecos del Tratado de Schengen a los que un ejecutivo en aras de ser más radical y populista que Le Pen se aferra. Los problemas derivados de este bloqueo trascienden más allá de una simple escaramuza entre Francia e Italia. La política de Sarkozy trata de reponerse tras el duro golpe de las elecciones cantonales que han tintado de rojo el mapa de Francia y han dejado a Sarkozy con un pie fuera de las próximas generales.

Las políticas antimigratorias usadas están más cerca del Frente Nacional, Le Pen, que del partido centro derecha de Sarkozy, el UMP. El hecho de que Marine Le Pen le supere en intención de voto tras dichas elecciones le obliga a reciclarse políticamente. Ha optado por virar hacía la extremaderecha, dejando al descabezado Partido socialista un camino más fácil para las generales.

domingo, 17 de abril de 2011

Chernóbil, espejo de Fukushima

Fukushima, el nuevo Chernóbil. O al menos lo perfilan así sensacionalistas, proapocalípticos, exologistas exaltados, gente de a pie y especialistas no dados tanto al género periodístico del morbo. A continuación les pondré un reportaje que emitió la 2 de TVE hace años en un especial de la Noche Temática. Es un ejemplo de buen periodismo alejado del sensacionalismo.

A la vez les prevengo, existen por la web otros reportajes basados en una perniciosa y enfermiza búsqueda de la audiencia y de la obtención de la mayor cuota de pantalla. Me refiero a ese "gran divulgador" que por desgracia es tenido en grande estima por los televidentes, me refiero a Iker Jiménez y su "Noche del fin del mundo". Es un reportaje que bien se vale un Goya por la actuación que hace Iker Jiménez. Carece de trabajo de campo y está hecho con imágenes de archivo sacadas del propio Radiofobia (el reportaje que les pongo a continuación). Sin embargo, les invito a comparar ambos documentales: La noche del fin del mundo.

Radiofobia son los siguientes vídeos:













Les agrego además otro documental más corto sobre Chernóbil 17 años más tarde, se compone de tres partes: la primera, la segunda y la tercera. Les recomiendo también que lean el reportaje de hoy de EL PAÍS. También quisiera que estos reportajes y documentales sirvieran de reflexión. La energía nuclear se perfila junto con las -de momento idílicas- renovables como la energía que sustituirá a los combustibles fósiles.

Me considero pronuclear, lo cual puede resultar muy macabro tras la visualización de estos documentales. La energía nuclear es peligrosa, tal vez una fuerza que nunca consigamos mantener a buen recaudo. La sombra de Hiroshima, Nagasaki y Chernóbil es demasiado alargada. Pero tal vez resulte más macabro el desprecio por la vida de aquellos que desde su despacho organizan la seguridad de unas centrales nucleares que nunca han visto.

Por ello pido que no nos dejemos llevar por el sensacionalismo ni por la tendencia apocalíptica que se empeñan en usar aquellos que buscan los quince minutos de fama.

miércoles, 13 de abril de 2011

A tu imagen y semejanza: Francia

Recomiendo escuchar esta canción mientras se lee la entrada:



Todo español es en cierto punto francófilo. Desde el regicida cura Merino al Merino absolutista, desde el Franco antimasón a Largo Caballero. Me considero francófilo. Es algo que no puedo remediar y que mis amigos no tardan en achacármelo, ¡cómo si fuera algo malo! España siempre ha sido francófila, por mucho que nos empeñemos en llamar gabachos a los franceses.

Mis amigos, además, se empeñan en llamarme afrancesado. No lo niego, Francia con sus Napoleones y generales Vichys, con sus puñaladas a España –y no han sido pocas–. Con todo ello me considero francófilo hasta la médula. Ya lo dice en sus brillantes artículos don Arturo Pérez-Reverte que aquel que quiera pensar de forma libre en España tiene que aprender francés.

Soy, además, filo del pueblo francés abstemio a la hora de votar, pero furioso y capaz a la hora de movilizarse. Siempre recordaré aquel octubre de París de 2010, la gente a la calle –más de un millón–, jóvenes entonando la Internacional y la Marsellesa –indistintamente– y una determinación…

Mi determinación no es hacer una segunda Francia, no, mi intención es acercar la situación francesa a todos aquellos que lean el blog.

viernes, 8 de abril de 2011

Cuando España da lecciones de democracia

Estados Unidos es la democracia duradera más antigua del mundo. Lleva tras sus espaldas más de doscientos años de vida democrática, con sus más y sus menos; con sus senadores McCarthys y sus Woodstocks; con sus Bobs Dylans y sus Bushs –¿habrá más?–. Tiene tanta historia negra, como brillante: pesar y saber cuál será el resultado es algo que sólo corresponde a la historia. Pero hay veces que democracias más jóvenes pueden demostrar que es tanto o más justa que el gran imperio democrático de norteamérica.

España y su democracia inachevé puede permitirse dar lecciones. Pese al ímpetu de los partidos políticos por domeñar el país –ajenos a los problemas de los ciudadanos-, a la corrupción, a la industrialización del cuarto poder, etc.; pese a todo, hemos dado una lección. Los procesos del 11M fueron un ejemplo de democracia. Un juicio civil, en el que los acusados y culpables de la muerte de 192 personas en ese fatídico jueves –me acuerdo que el viernes llovió– de marzo de 2004 fueron tratados como personas. Con todos los derechos. Hace ya que dejamos oxidar el garrote.

En los grandes Estados Unidos de Norteamérica, fuente de inspiración del sueño de libertad y democracia, los no americanos no son ciudadanos. Sino, no se podría explicar la existencia de Guantánamo. Los culpables de la caída de las colosales Torres Gemelas de Nueva York no tendrán un juicio justo, esté un negro de presidente o el mismísimo Ku Klux Kan.

España sólo da ejemplo en las situaciones difíciles, en los aparentes cul-de-sac de la historia, el juicio civil y justo que tuvieron los culpables de la matanza de Atocha es un ejemplo de civismo y ética judicial. Más sencillo habría sido ponerlos en una picota a la entrada del Manzanares el Real, dejarlos a merced de una enardecida multitud o desempolvar el garrote. A los españoles no nos gusta lo fácil y siempre seremos ejemplo de civismo en los momentos delicados.

domingo, 27 de marzo de 2011

RUMORES DEL TIEMPO GASTADO

Amanecía: gris, claro y frío, la mañana de un día cualquiera de enero. Don Sebastián, o Sebas como le gustaba que le llamasen, se levantó perezosamente, tal y como llevaba haciéndolo durante los últimos sesenta años. Fue derecho, sin ponerse siquiera las gafas, al cuarto de baño, después se volvió y se las puso para retornar al baño donde se afeitó, con la cuchilla que usara antaño, afilada para ésta y otras tantas ocasiones iguales. Se duchó y se vistió con las ropas dedicadas para ese día tan especial.
Su aspecto era cuando menos caballeresco, inscrita en su faz unos ojos claros y un rostro que aunque avejentado dejaba traslucir sus rasgos afilados y finos. El pelo cano, pero abundante, sin síntoma de la alopecia que en tiempos pasados atacara sin piedad a su padre, le caía sobre los hombros a modo de hiedra muerta sobre lápida recién inaugurada. Le seguía un cuerpo delgado y largo que terminaba en unas manos extremadamente grandes y finas, con las que casi hubiera podido coger el mundo sin dañarlo. Sus ropas a su vez eran negras, muy clásicas de entre las que resaltaba una camisa blanca que no conseguía apagar la palidez del rostro.
Vestido, peinado, perfumado y afeitado se dirigió a la puerta de su apartamento. Situado enfrente de la puerta levanto el brazo para abrir la puerta, movimiento que a pesar de su simpleza lo hizo lenta y pesadamente hasta que sus yemas se cerraron temblorosamente sobre el pomo. Cuando fue a ejercer la presión necesaria para abrir la puerta, una mueca de dolor le surco el rostro, y hasta que una lágrima no tocó el suelo no soltó la manilla.
Otra batalla perdida, más heridas a la lista de las que tenía sin cicatrizar.
Sebastián pasó otro día sin poder salir de casa, sesenta años hacía que veía el exterior, la historia, desde la ventana. Ventana que daba a la madrileña calle de la Gran Vía. Desde su punto estratégico había visto pasar el tiempo, la historia, la evolución de la sociedad, el desarrollo tecnológico, veía todo, pero nada comprendía. Tal era su aislamiento que no tenía ni televisión ni radio y los cotidianos rehusaban a de entrar en su casa. Lo más tecnológico era su máquina de escribir que hábilmente usaba para escribir sonetos o mantener correspondencia con su único amigo, que era a la vez su única familia y nexo con la realidad. Su particular encierro no era fruto del miedo al mundo, más bien era de rabia (que no odio) hacia el mundo y las crueldades de las que había sido víctima tiempo atrás.
Don Pascual, el amigo de Sebastián, era ya un hombre anciano. Sufridor de los achaques causados por el tiempo. Su calva arrugada y morena, con esa cara menuda y ligeramente achatada, acompañada de unas diminutas gafas redondas que le daban un aspecto de ermitaño (nada más alejado de la realidad). Era en sí un hombre enjuto, poca cosa en comparación con el talle de su amigo don Sebastián, la realidad de Pascual era la de un hombre viajero durante sus tiempos mozos, inteligente, mañoso y sobretodo un buen padre de familia. El destino, así como su mujer, le había proporcionado unos nueve hijos, de los cuales cada uno tuvo sus propios hijos, luego sus nietos y ya empezaba una nueva generación de vigoroso nietos bisnietos. Tal era la prodigalidad de don Pascual que cuando era joven, no más de treinta años, otros mozos lozanos se dedicaban a pasar por su lado y arrancarle el pelo, cosa que no le importaba. Tal fue su fama que de esa forma acabo calvo y en vez de quitarle los pelos la gente le besaba en la nuca en afán de obtener parte de su sementalismo.
Ambos amigos solían hacer partidas de dominó en las cuales don Pascual intentaba ayudar a su compañero de juego a salir de su encierro voluntario, pero el orgullo de este último le impidió permitirse ser ayudado por nadie. Aparte de las partidas de dominó, que jugaban martes y sábados en un mismo horario durante los últimos sesenta años, ambos hablaban sobre arte, filosofía, literatura, música… pero nunca de la actualidad. Era un tema tabú y pese a los intentos de don Pascual, su amigo nunca se enteró de los acontecimientos que se vivían en el mundo entero, excepto para él.
Sebastián aparte tenía contacto con una señorona viuda que había sido una de las muchas esposas de su hermano. Ésta se encargaba de llevarle comida y libros hasta que la pobre mujer expiró de haber llevado una vida dedicada a los demás. Esta buena mujer, a la que no nombraré por ser ni apremiante ni determinante, era una señorona baja, regordeta, muy inculta y bastante corta de luces. Ella se había criado en el campo toda su vida hasta que emigró a la ciudad por causas de hambre. Al entrar en la ciudad, además de deslumbrarse con las luces de las calles y comercios, conoció al hermano de Sebastián, del cual se enamoró perdidamente, tanto que durante toda su viudez no hubo día que no fuera al cementerio de la Almudena a agasajar y a lisonjear a su difunto esposo. Como antes me he referido ella se encargaba de de realizar los recados de don Sebastián y lo único que pedía en cambio era uno concierto de clarinete de esos que a ella le gustaban tanto. Sinfonías, cancioncillas, himnos, se maravillaba la pobre mujer ante el virtuosismo de su cuñado el cual en su exilio aprendió a hacer sonar el clarinete y a escribir los más bellos compases que sólo serían escuchados por los oídos de una vieja.
Esa misma mañana, después de la batalla perdida, don Sebastián se dirigió puntualmente a la habitación donde le esperaba su clarinete, después de una vergonzosa derrota, los laureados campos del virtuosismo eran su refugio. Cogió una pieza difícil de Schuman, aunque frente a su habilidad no servía sino de calentamiento, y en medio del clímax… una campanada que a modo de nota discordante hizo volver a Sebastián de su etéreo exilio. Dirigiéndose extrañado hacia la puerta las dudas asaltaban al pobre hombre. Cuando tras la mirilla descubre a su amigo Pascual, que extraño, era jueves:
-Pascual, i encierro es físico no temporal, ¿quién me diría tú por aquí?.-se refirió Sebastián-entra, entra.
-Jueves o el Día del Juicio Sebas- refutó su amigo- sigue tocando, no pares, me gusta escuchar el clarinete, aunque como ya sabes yo siempre fui más de caramillo.
Ambos entran en el pasillo, don Pascual venía acompañado de su hijo, una copia literal del padre, sólo que más serio y firme. Pascualito –aunque tal vez este nombre estuviera anticuado para la edad del hombre- era un cincuentón serio, funcionario rígido y firme que portaba un aire de grandeza de un hidalgo venido a menos se situó detrás de su padre y dijo:
-Don Sebastián, ¿qué tal la salud?. Por usted, no así como para el resto de los mortales, el tiempo no pasa.
-No hay mayor falacia que esta que acabas de proferir Pascualito-contestó Sebastián- ¿qué os trae esta visita?
-Mi muerte- soltó Pascual con naturalidad- Sebas, me muero, mis viejos huesos se desploman al paso de mis años y donde antes había carne joven, ahora queda futuro pasto de gusanos.
-Nada más alejado de la realidad- dijo don Sebastián- estás sano y tú bastón no es más que un mero adorno, parte de tu gusto por ostentar tu clase en público.
-Ojala fuera así-rebatió-pero no soy eterno como tú, como esta casa, como este ambiente. Sebastián vives en un no-tiempo, y si vengo con estas funestas y esperadas noticias es para que vengas a mi entierro. Te aviso, mañana estarás solo en el mundo.
-Pero Pascual no te comprendo, el martes parecías bien y hoy…no comprendo qué es lo que te empuja hoy a venir aquí…
-Hoy me han hablado aquellos que amé y hoy me reclaman, no soy quien para enfrentarme a tales disposiciones divinas.
-Entonces es verdad que te mueres, y ¿dónde será tu funeral?-.preguntó Sebastián.
-Al lado de Clara, ella lo habría dispuesto así.
Y sin poderlo evitar toda la rabia hacia el mundo de don Sebastián inundó la habitación, ahogando y arrastrándole a él. Un aullido seguido de unos sollozos y un dolor abdominal tiraron a Sebastián al suelo quien antes las impertérritas miradas de los dos hombres se retorció de dolor.
-Habría sido su deseo que en estos últimos sesenta años hubieras ido alguna vez, pero en su lápida aún faltan tus gardenias. Sé lo que te duele, porque también era mi hermana. No puedo sino decirte que mañana a las doce en punto Pascualito vendrá a recogerte y hasta que no vengas mis huesos no se tornarán en paz-dice don Pascual-Pascualito vamonos quiero disfrutar de mis últimas horas de vida.
Y tras el portazo, por algún extraño pálpito que sólo les da a los hombres sabios que se saben necios don Sebastián comprendió que en estos sesenta años no había envejecido, el no había de sufrir los achaques de la vejez y el tiempo. Tal vez tuviera ciertas arrugas, tal vez su negra cabellera se tornara cana, pero a esa edad que no es cano, arrugado ni viejo.
Sebastián temía que el vaticinio de su amigo fuera cierto, y eso que ciertamente los hombres conocemos el día de nuestra muerte, sólo que intentamos no decirlo para que con algo de suerte la muerte se olvide y nos deje unos minutos de mísera vida robada al tiempo. En estas cavilaciones la soledad de la casa se había hecho ya patente, pues los dos hombres se habían ido ya. Levantándose sin esfuerzo aparente Sebastián sabía que se quedaba sólo en el mundo, su mundo y que tal vez mañana se enfrentaría con su pasado, aquel que fraguó tan cobarde destino. Se acostó enseguida, pese a que no habían pasado ni seis horas que llevaba despierto. Sebastián se sumió en un sueño turbio, oscuro y finalmente plácido como la muerte.
Sin estos sombríos pensamientos se despertó al día siguiente, lo sabía, ya estaba solo en el mundo. Se vistió con sus mejores galas: se recortó y afeitó, se vistió de negro luto y se puso a esperar durante horas, esperando a Pascualito.
En las horas que estuvo esperando no se movió lo más mínimo, más que hombre parecía estatua que hacía juego con el mobiliario señorial del siglo pasado. Llevaba unos zapatos negros, los del día de su boda y aunque habían pasado sesenta años seguían lustrosos y brillantes, los pantalones y la americana acompañado de un chaleco y una corbata que le daban ese aspecto de viejo diplomático español durante la guerra de Cuba. A sus pies descansaba un paraguas que hacía las veces de bastón, pese a que no hacía uso de él. Pero quién sabía tal vez las lágrimas que derramara ese día serían acompañadas de triste lluvia de primavera acorde a ese tiempo. Tal vez ese día vería a Clara, para aquello serían necesarias demasiadas lágrimas.
La puerta se abrió, y como un cuervo Pascualito le indicó que bajara. Las sospechas estaban confirmadas, estaba sólo en el mundo. Apartándose del sillón con agilidad inusitada para una persona de su edad, se colocó en el umbral de frente a la puerta y cerrando los ojos, que se tornaban llorosos, la atravesó.
El peso de los años se le echó encima como una losa que incluso le hizo doblar la espalda y salir joroba. Cronos, el tiempo no perdona, ni en el día en el que se ha de cumplir una promesa. Don Sebastián bajó las escaleras, apoyado en el paraguas, que sorpresa también sufría los achaques del tiempo. Él que no hace mucho era de gráciles movimientos, por cada escalón bajado se le arrebataba parte de su hálito vital. Sus ropas, zapatos a cada paso sufrían el deslustre de los años.
Cuando salió a la calle de, casi como si el aire le oxidara la piel, las arrugas arraigaron en el rostro, los ojos perdieron su brillo hasta quedar casi vacuos y el pelo antes cano pero abundante se abría enseñando una pequeña calva. La tez, antes pálida pero bella se tornaba macilenta y su aliento se exhalaba fétido, con olor a muerte.
Nunca tuvo tal cansancio, sólo descansó cuando se acodó en los sillones del automóvil, también negro, en el que Pascualito le llevaría al funeral de su amigo.
En ese momento se paró a observar el paisaje urbano, desde la vista de hombre, no desde la perspectiva de Dios que contempla su obra, tal y como había tenido. Vio los cambios, el desarrollo, al populacho avanzando en su ajetreo y quehacer diario. La luz si cabe le hizo más daño. Tras tantos años del ambiente gris de su casa: el color y la luz le hacían blanquecinos lo ojos cegándolos, él que no usó una lente nunca si no fue para observar por el microscopio o las estrellas.
Cuando salió del coche no quedaba nada del don Sebastián conocido, ahora era un despojo de hombre, un vetusto al que la muerte le era más cercana que la vida. Se apoyaba en un paraguas raído, de madera carcomida y tela ajada con un deslucido mango astillado sobre el que los dedos de aquel pobre hombre se cerraban. Sus rodillas apenas si podían sostener un cuerpo delgado, puro pellejo curtido y costillar apolillado. La cara sufría de extrañas deformaciones causadas por la caída de la piel y en la boca se adivinaban dientes podridos por el aliento fétido. De su porte siempre gallardo quedaba una silueta agachada cuya joroba daba cierta imprecisión al paso lento y esforzado de don Sebastián. Con esta pisada frágil llegó ante el ataúd de su amigo labrado en maderas nobles y con asideras de brillante bronce bruñido.
Unos metros más hacia donde se pondría el sol una lápida desgastada ya por las lágrimas no derramadas sobre ella. En la inscripción de ésta rezaba “a Clara, querida, amada, aunque nunca desposada, pero sobre todo… llorada”. El impacto de esta visión fue demasiado, el dolor abdominal volvió y Sebastián cayó de rodillas, no pudiendo ni gritar ni llorar puesto que tanto garganta como lágrimas estaban secas, sólo se alzó al viento un sordo gruñido. Pascualito miró al lugar donde debía de encontrarse don Sebastián, pero sólo vió como una nube de polvo y ceniza se disgregaba en el aire, tal vez en busca de Clara.

jueves, 24 de marzo de 2011

Neutralidad de la red

La indefinición de la izquierda

La izquierda ha perdido el norte, no se define y eso es lo peor para un sistema político, porque entonces se lo deja demasiado fácil a la derecha. Al menos esto ocurre en España, circo ibérico o absurdistán, llámenlo como quieran. La izquierda en España no gana porque no se define, porque de todas las situaciones tiene salir con llamando la atención. ¡Tal vez sea la única forma de aparecer en el telediario!

La izquierda ha perdido la brújula, el sextante y hasta la estrella polar, porque no encuentra nada a lo que aferrarse, porque tal vez la caída del muro representase el fin de un sueño y la muerte del Che la caída de su último héroe. Desde entonces se aferra a cualquier idea, teoría o movimiento social que pueda llenar ese vacío ideológico: ecologismo, homosexualidad, nacionalismo, etc. La izquierda trata de apropiarse de estas puntas de lanza para lanzarse a la recolección de votos, por ello yo me pregunto: ¿No era Sabino Arana un ecologista, ya que predicaba la vuelta al campo? ¿No puede ser alguien afín al PP homosexual –y orgulloso de serlo–? ¿O es que acaso el nacionalismo no es una teoría que va en contra de la Internacional Obrera y la unión de los obreros del mundo?

Porque la izquierda en España –me refiero a la coalición Izquierda Unida– lleva unos años que no sabe dónde situarse dentro del panorama político español. Con Aznar al menos se tenía un enemigo al que batir, pero es que con el PSOE, ¿qué se combate? A principios de la era Zapatero no veíamos más que un partido grande y otro pequeño que le hacía el juego, de esta manera se justifica la pérdida de escaños. Tras el descalabro de la segunda legislatura de ZP, IU juega a llevar la contraria al mundo.

La situación Libia y el ataque de la coalición internacional sirvió para entonar de nuevo el grito “No a la guerra”, Izquierda Unida se adhirió al movimiento. En su defensa decir que quién nos ha nombrado policía del mundo, por qué Occidente está sujeto a ese cinismo en política internacional. IU ha sido, frente al gobierno y otros partidos, consecuentes con su línea política: pacifismo, socialismo, etc., pero esto no quiere decir que exista dirección o camino que seguir. Me pregunto, ¿qué línea hubiese seguido la izquierda en España si Castro participara en la coalición?

Rompo una última lanza a favor de la izquierda. Su indefinición sea tal vez consecuencia de la doblez del PSOE y del PP, de esos dos partidos, los cuales no sabemos a dónde van ni qué línea siguen. Al PSOE reprocharle su abandono del socialismo, al PP le recrimino su constante lucha por llegar a la Moncloa, sin importar quién se quede por el camino. O, tal vez, resultado de una ley electoral injusta.

La izquierda debe encontrar su lugar en el panorama político nacional, debe conectar con los ciudadanos y zanjar esa indecisión política planteando una línea política que deje de lado esa miscelánea de políticas diversas. Su futuro y el de una España menos polarizada están en juego.

martes, 15 de marzo de 2011

Julius Robert Oppenheimer

Julius Robert Oppenheimer representa lo más oscuro y lo más brillante de la ciencia. El padre de la bomba atómica, pero también el más acérrimo enemigo de la carrera armamentística que se vivía en esos años. Tal vez la sombra de más de 300 mil muertos fuera un delito que nunca se perdonaría.

Sin embargo, su brillantez en el campo de la física le augurara un futuro esplendoroso, hijo de un judío alemán emigrado y una artista newyorkina empezó químicas en Harvard con un año de retraso. Esto fue suplido finalizándola en sólo tres años y con Summa Cum Laude¸ es decir, con máximas alabanzas.

Sus estudios de física los tuvo que realizar en Europa, en la Alemania patria de su padre. En Götigen se doctoró en física teórica con sólo 22 años. Era muy conocido entre sus compañeros por su destreza y su gran capacidad de aprendizaje.

A lo largo de la II Guerra Mundial, si los alemanes estaban desarrollando el Proyecto Uranio y los soviéticos el Proyecto Borodino. EEUU con el apoyo de los aliados desarrolló el Proyecto Manhattan. Oppenheimer, y el resto de científicos, fue padre de Little Boy y Fat Man.

El Proyecto Manhattan se realizó en el centro de Los Álamos, en el estado de Nuevo México, cerca de Santa Fe. En él se desarrollaron las primeras pruebas atómicas, Trinity fue la primera prueba nuclear reconocida por los EEUU.

Al término de la guerra en Europa, se planteó usar las armas atómicas. Tras Trinity, los científicos pidieron que se usara en una zona deshabitada, el presidente Truman, sin embargo, hizo caso omiso y se bombardearon las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Este currículo, sin embargo, no le libró de la persecución política. Era, al igual que la mayoría de intelectuales de la época, un izquierdista que tanteó el comunismo y fue perseguido por ello. Su posición ideológica se desarrolló durante la década de los 30, en la que llegó a colaborar con los republicanos españoles. Es más, se planteó muchas veces el cesarlo del Proyecto Manhattan.

Tras la guerra, participó activamente en la Comisión de la Energía Atómica iniciando el Plan Baruch, por el cual se trató de internacionalizar el control de la bomba atómica.
Durante la posguerra, el Comité de Actividades Anti-Americanas inició la caza de brujas. Oppenheimer era uno de los objetivos por su actividad política durante la pasada década de los 30. Durante las auditorías, él testificó en contra de sus colegas, dando nombres que más tarde usaría McCarthy para eliminar a posibles comunistas.

La contribución de Julius Robert Oppenheimer a la ciencia fue enorme. Sus estudios sobre física cuántica fueron de lo más avanzados. Destaca la Aproximación Born-Oppenheimer, por la cual los electrones permanecían como una nube de carga en constante movimiento debido a su masa mínima, frente al núcleo, que permanece estático. Por lo tanto, la velocidad del núcleo es mínima en relación con la de los electrones.

Oppenheimer representa lo más oscuro y lo más brillante de la ciencia. El físico de origen español Luis Álvarez llegó a asegurar que si hubiera vivido más tiempo, hubiera ganado el Nobel por su contribución al colapso gravitacional. Sólo una mente brillante como la suya pudo ser tan dual, sólo Oppenheimer pudo ofrecer al mundo lo peor de la humanidad y lo mejor: su intelecto.

jueves, 10 de marzo de 2011

Sexo literal

Se puede escribir de muchas maneras, la rúbrica puede ser ornamentada o sobria, de sintaxis compleja o sencilla, poética o la más seca de todas las prosas. Pero escribir de sexo…ese es otro tema. Aquí la complejidad no subyace tanto en la estructura o la el léxico que usemos, si no en cómo tratemos el coito, la cópula –usen el sinónimo que quieran–.

Y no me refiero a las novelas eróticas, las cuales todavía no he leído, sino a los libros comunes, a los que encontramos en cualquier balda de una estantería. Me refiero a cualquier libro, durante el cual, a lo largo del relato, un hombre y una mujer, dos mujeres o dos hombres fornican, ayuntan –lo dicho–.

Esta entrada coincide con el libro que me estoy leyendo actualmente: Almudena Grandes y sus “Aires difíciles”, libro que recomiendo encarecidamente. Porque cuando escribe de sexo, Almudena Grandes destaca –además, de distinguir por sus dotes narrativas en general–. No escribe de sexo, escribe sobre erotismo o desde el erotismo.

Su sensualidad es el antípoda de Francisco Umbral. Pérez-Reverte, que no era precisamente valedor de Umbral, lo definía como “un sexo turbio que impregna sus novelas”. Pese a todo, reconocía el estilo cuidado y único de Umbral, su prosa perfecta y única.

Las comparaciones son odiosas y acérrimas del buen gusto, no pueden compararse estos autores. Cada uno tiene su estilo. Por mi parte, el estilo de Almudena Grandes me lleva al centro de la acción, me hace sentir las caricias, oler el pelo de la amante, ver sus labios…Umbral, sin embargo, me divierte, ese tono bribón, chulesco, barriobajero y zafio, pero con una prosa inimitable. Porque son dos maneras de ver el sexo, cada una concupiscente a su manera. Un escritor y una escritora, un hombre y una mujer…para que darle más vueltas

Dejo unos fragmentos de ambos escritores para que juzguéis por vosotros mismos.

Fragmento de “Aires difíciles” de Almudena Grandes:

Juan Olmedo, que nunca habías sido menos y nunca había sido más Juan Olmedo que en aquel momento, siguió aquella sugerencia y vio su sexo, que tampoco lo había sido tanto nunca jamás, erguido en la mano de su cuñada.
[…]
Entonces empezó a mover la mano muy despacio, arriba y abajo, coordinando en un ritmo preciso, inequívoco, sabiamente perezoso, las dispersas caricias del principio, y él empezó a sentirse muy bien mientras su mirada oscilaba entre el rostro de su cuñada, concentrado y tenso como el de una niña empeñada en completar a la perfección un trabajo difícil, y la respuesta de su propio sexo mimado, privilegiado, que parecía sonreírle, recompensarle, hablarle por fin con palabras justas, reconfortantes, dulcísimos.

Fragmento “Memorias borbónicas”, de Francisco Umbral:

Carmencito tiene un culo grande, redondo, hermoso, casi femenino, pero hecho, ay, de carne masculina que no excitaría a ningún macho, y Cresencito es el que disfruta. La penetración de Cresencito daña los esfínteres del tonto, pero al tonto le gusta.

miércoles, 9 de marzo de 2011

We say: they shall not pass?

España es una nación reconocida en todo el mundo por su arrojo, nuestra historia ha sido la mejor muestra de ello. Desde las batallas de Rocroi, pasando por el Sitio de Baler –más conocido en la historia como “los últimos de Filipinas- y más tarde el afamado sitio del Alcázar de Toledo o el “No pasarán” de Madrid. He sido ecuánime, que luego nadie me diga de dónde cojeo.

Pero, ¿hemos perdido esa resolución y osadía? Creo que sí. Y el resto del mundo nos trata de recordar lo poco que fuimos hace no mucho. En Londres, dónde todo se puede hacer música, se empeñan en recordar ese grito de “No pasarán”. Los ingleses, y tal vez toda Europa, han sido siempre un poco hispanófilos. Algo que nosotros nunca hemos sido.

El grito de “No pasarán” ha quedado, sin embargo, insustancial, irrelevante. Se ha vuelto inane, vacuo, porque nos han arrollado y nosotros nos hemos dejado avasallar. Cuatro millones de parados, leyes anti-libertad de expresión, políticos corruptos, RUMASA…

Tal vez cuarenta años de dictadura nos hayan vuelto una banda de borregos o es que simplemente somos así, porque si las huelgas y las manifestaciones se hicieran en los bares, España sería cuna de la ilustración, del socialismo y de mil y una revoluciones más.

martes, 8 de febrero de 2011

Tanto tuya como mía: España

España, esa idea abstracta, algo oscura, a veces madre y siempre madrastra. Somos españoles, nos jactamos de ello siempre de ello, aunque los políticos traten de separarnos de nuestra patria. En nuestro fuero interno nos sentimos de España.
Por ello pienso el cómo nos tratará la historia –esa sí que es una madrastra-. A los franceses se les tratará como lo que son, un pueblo de inconformistas, la cuna de la libertad y del pensamiento actual. A los alemanes, que menos, como el pueblo más tenaz de Europa, capaces de mantener en jaque a media Europa mientras se pasean por la otra media. Con los ingleses no seré tan condescendiente, se les recordará como esos piratas y saqueadores de la historia, de qué otra manera se puede recordar a los descendientes de Francis Drake. De los italianos creo que me quedaré solamente con su faceta artística, compartimos demasiados aspectos para poder ser, o no, condescendiente.
Los españoles seguramente seamos un caso aparte. Somos herederos del legado de una nación, al igual que franceses, alemanes o ingleses. Y repito, nuestro patrimonio es la nación de España, porque parece que nos da vergüenza decir: “Sí, soy español”. Tal vez tengamos que agradecer esta situación a cuarenta años de “España, ¡Una, Grande y Libre!”. O a los falangistas modernos por apropiarse de mi bandera, o a los curas que bendijeron la cruzada.
La cuestión es que España sigue dividida con más de treinta años de democracia a la espalda. Ya nos somos azules o rojos, ahora somos vascos, catalanes y los malvados castellanos, porque, finalmente, somos los castellanos –castellano viejo y de tradición, faltaría más- los culpables. Los responsables de ser metecos en Bilbao y charnegos en Barcelona. Causantes de que llueva en Galicia o de que haya naranjas en Valencia.
Que si España ha de seguir siendo una indivisible, o 17 diferentes: autonómica o federal. Personalmente me quedo con España, porque es madre, madrastra y ramera. Pero es España, mi tierra y la tuya seas de aquí o de allí, siempre tuya.

martes, 1 de febrero de 2011

El origen del mundo

Para viajar siempre es necesaria una excusa y la excusa de mi último viaje a París fue ir al Museo de Orsay. Allí fui capaz de apreciar entre cuadros de Gauguin, Manet y Mattise a Courbet con el cuadro de título homónimo al de esta entrada. A la primera impresión este controvertido cuadro deja en los visitantes al museo apreciaciones diferentes; si bien, yo quedé encantado con la pintura, una compañera de viaje quedo cuando menos escandalizada. “Es el cuadro de un coño”, dijo, más o menos.
Sin embargo, hoy no voy a dirimir sobre arte, mi falta de conocimientos me lo impide, sino que voy a hacer una exaltación de la feminidad -exaltación que ya realizaron Courbet y otros más grandes-. Dedico este escrito a todas las Agustinas de Aragón, las Damas de Orleans, Isabeles católicas, las madames Bovarys, Butterflys, Rodríguez o Serrano. La feminidad es ese algo incorpóreo, tenue casi intangible, pero que lo inunda todo en mayor o menor grado. Asevero además que aquellos que afirmen que la feminidad es significado de debilidad e incluso algo humillante, afirmarles que tal vez las personas más fuertes en este mundo sean las mujeres.
En esta exaltación de lo femenino aprovecharé para condenar la, muchas veces impune, violencia de género, porque sólo las mujeres son capaces de aguantar, y no deben, ese martirio en vida. Repito la feminidad se encuentra en todas partes, incluso en los hombres, animales o rocas. Encontrarla es arduo y complicado.
Volviendo al Orsay y a Courbet no me queda sino que confirmar mi defensa de lo femenino, por amor, por amor a todas las mujeres que se sienten mujer y están orgullosas de serlo. Por las abuelas, madres, hijas y hermanas, porque todas ellas son símbolo de la fortaleza que da la feminidad.

viernes, 28 de enero de 2011

“Ante todo profesionalidad, oiga”

España es uno de esos países de mentalidad pseudotercermundista en los que se suelen utilizar los engranajes de organizaciones para fastidiar a la gente. Aunque lo dicho, en un país con un pensamiento arcaico, dónde ecuanimidad es simplemente una palabra más del diccionario, que menos que vengarse usando mecanismos institucionales. Tampoco sorprende; Riego, Torrijos y Castaños pasaron por lo mismo, últimamente los mártires del Estado y de las instituciones son nada menos que Garzón o Alex de la Iglesia. Ahora pido perdón por compararme con cualquiera de ellos.
En un país en el que las ganas de meter el dedo en el ojo (y en el culo) son mayores que las del carpe diem o las del hakuna matata: buenas nos esperan. Pero vayamos al grano, lo de joder usando una institución es muy profesional. Exacto, el otro día aprendí una nueva acepción de la palabra profesionalidad: quien me lo diría, y eso que no entra en el plan de estudios.
En fin, yo como chaval elegante que menos que reírme de todo el mundo, de toda esa gente que asegura ser “profesional”, de todos esos que esperan a que uno desde miles de kilómetros se mueva para decidirse. De esos que esperan en la sombra y te sorprenden con puñal en la espalda. Porque, queridos lectores, uno tiene unos principios, y aunque como periodista los tenga que vender tarde o temprano, me parece demasiado pronto, y barato, para venderlos.
Porque los principios están para comerciar, los conceptos para deformarlos y la madre que nos parió para repudiarla. Por eso mismo, para la siguiente vez ya estoy comprando rodilleras, para hacer lo que la profesionalidad me exige.

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