martes, 1 de febrero de 2011

El origen del mundo

Para viajar siempre es necesaria una excusa y la excusa de mi último viaje a París fue ir al Museo de Orsay. Allí fui capaz de apreciar entre cuadros de Gauguin, Manet y Mattise a Courbet con el cuadro de título homónimo al de esta entrada. A la primera impresión este controvertido cuadro deja en los visitantes al museo apreciaciones diferentes; si bien, yo quedé encantado con la pintura, una compañera de viaje quedo cuando menos escandalizada. “Es el cuadro de un coño”, dijo, más o menos.
Sin embargo, hoy no voy a dirimir sobre arte, mi falta de conocimientos me lo impide, sino que voy a hacer una exaltación de la feminidad -exaltación que ya realizaron Courbet y otros más grandes-. Dedico este escrito a todas las Agustinas de Aragón, las Damas de Orleans, Isabeles católicas, las madames Bovarys, Butterflys, Rodríguez o Serrano. La feminidad es ese algo incorpóreo, tenue casi intangible, pero que lo inunda todo en mayor o menor grado. Asevero además que aquellos que afirmen que la feminidad es significado de debilidad e incluso algo humillante, afirmarles que tal vez las personas más fuertes en este mundo sean las mujeres.
En esta exaltación de lo femenino aprovecharé para condenar la, muchas veces impune, violencia de género, porque sólo las mujeres son capaces de aguantar, y no deben, ese martirio en vida. Repito la feminidad se encuentra en todas partes, incluso en los hombres, animales o rocas. Encontrarla es arduo y complicado.
Volviendo al Orsay y a Courbet no me queda sino que confirmar mi defensa de lo femenino, por amor, por amor a todas las mujeres que se sienten mujer y están orgullosas de serlo. Por las abuelas, madres, hijas y hermanas, porque todas ellas son símbolo de la fortaleza que da la feminidad.

1 comentario:

  1. Gracias Víctor en nombre de todas las mujeres y por que sé que has pensado en mí cuando escribas.

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