jueves, 10 de marzo de 2011

Sexo literal

Se puede escribir de muchas maneras, la rúbrica puede ser ornamentada o sobria, de sintaxis compleja o sencilla, poética o la más seca de todas las prosas. Pero escribir de sexo…ese es otro tema. Aquí la complejidad no subyace tanto en la estructura o la el léxico que usemos, si no en cómo tratemos el coito, la cópula –usen el sinónimo que quieran–.

Y no me refiero a las novelas eróticas, las cuales todavía no he leído, sino a los libros comunes, a los que encontramos en cualquier balda de una estantería. Me refiero a cualquier libro, durante el cual, a lo largo del relato, un hombre y una mujer, dos mujeres o dos hombres fornican, ayuntan –lo dicho–.

Esta entrada coincide con el libro que me estoy leyendo actualmente: Almudena Grandes y sus “Aires difíciles”, libro que recomiendo encarecidamente. Porque cuando escribe de sexo, Almudena Grandes destaca –además, de distinguir por sus dotes narrativas en general–. No escribe de sexo, escribe sobre erotismo o desde el erotismo.

Su sensualidad es el antípoda de Francisco Umbral. Pérez-Reverte, que no era precisamente valedor de Umbral, lo definía como “un sexo turbio que impregna sus novelas”. Pese a todo, reconocía el estilo cuidado y único de Umbral, su prosa perfecta y única.

Las comparaciones son odiosas y acérrimas del buen gusto, no pueden compararse estos autores. Cada uno tiene su estilo. Por mi parte, el estilo de Almudena Grandes me lleva al centro de la acción, me hace sentir las caricias, oler el pelo de la amante, ver sus labios…Umbral, sin embargo, me divierte, ese tono bribón, chulesco, barriobajero y zafio, pero con una prosa inimitable. Porque son dos maneras de ver el sexo, cada una concupiscente a su manera. Un escritor y una escritora, un hombre y una mujer…para que darle más vueltas

Dejo unos fragmentos de ambos escritores para que juzguéis por vosotros mismos.

Fragmento de “Aires difíciles” de Almudena Grandes:

Juan Olmedo, que nunca habías sido menos y nunca había sido más Juan Olmedo que en aquel momento, siguió aquella sugerencia y vio su sexo, que tampoco lo había sido tanto nunca jamás, erguido en la mano de su cuñada.
[…]
Entonces empezó a mover la mano muy despacio, arriba y abajo, coordinando en un ritmo preciso, inequívoco, sabiamente perezoso, las dispersas caricias del principio, y él empezó a sentirse muy bien mientras su mirada oscilaba entre el rostro de su cuñada, concentrado y tenso como el de una niña empeñada en completar a la perfección un trabajo difícil, y la respuesta de su propio sexo mimado, privilegiado, que parecía sonreírle, recompensarle, hablarle por fin con palabras justas, reconfortantes, dulcísimos.

Fragmento “Memorias borbónicas”, de Francisco Umbral:

Carmencito tiene un culo grande, redondo, hermoso, casi femenino, pero hecho, ay, de carne masculina que no excitaría a ningún macho, y Cresencito es el que disfruta. La penetración de Cresencito daña los esfínteres del tonto, pero al tonto le gusta.

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