martes, 28 de diciembre de 2010

Bálsamo religioso para la depresión

De la religión se ha dicho casi de todo. La más típica y repetida hasta la saciedad tal vez sea la del filósofo Kart Marx “La religión es el opio del pueblo”, otros más cristianos como Juan Pablo II decían que "La Iglesia es la caricia del amor de Dios al mundo". Pero lo que tal vez nadie nos había dicho es que la religión ayuda a luchar contra la depresión.
Será debido a la fe, será debido a ese Espíritu Santo que imbuye a los creyentes (desde aquí pido perdón, me centro en la visión cristiano occidental). Para eliminar la duda un grupo de científicos de las universidades de Wisconsin y Harvard, en Estados Unidos, han realizado una serie de investigaciones en la población norteamericana. Estos atribuyen que el menor número de depresiones se da más por el sentimiento de pertenencia a un grupo, más que los aspectos místicos.
Los investigadores observan el acto eclesiástico desde la perspectiva de un acto social, ya que el templo es un espacio público de relación. Por ello el rezo conjunto es más unificador que el rezo en solitario y por lo tanto existen menos depresiones entre los creyentes practicantes.
El estudio afirma que los ancianos creyentes y practicantes afrontan mejor la vejez y su final que aquellos que no son practicantes. La depresión de los ancianos se ve inducida muchas veces por la pérdida de familiares, amigos, la pérdida de las capacidades físicas, etc. Esto se materializa en dolores crónicos e incluso alcoholismo o automedicación. Por ello, la visión de un más allá ayuda a los ancianos a predisponerse a “cruzar la frontera”.
Aunque tal vez la religión no tiene que ser tomada como un bálsamo de Fierabrás, ya que una persona sana y con actividad social no tiene por qué sentirse deprimida y afrontar felizmente el final de su vida.

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